Mi trabajo me afecta

•julio 8, 2018 • 1 comentario

¿Cómo no lo va a hacer? Trabajamos con personas, y en muchos casos personas “heridas”, personas “en riesgo”, personas “olvidadas”… sus vidas nos afectan porque establecemos un vinculo afectivo, nos implicamos en sus vidas y cuando estas no avanzan o caen eso nos afecta, nos agobia y nos hace preguntarnos si nuestro trabajo ha sido bueno, o por lo menos hemos puesto todo nuestro esfuerzo en caminar al lado.

Ahí está la cuestión, caminamos al lado, no sustituimos el camino, no sustituimos a la persona. Deberemos tender la mano, pero es la persona con la que trabajamos la que tiene que caminar sola; y en todo caso podemos indicarle el mejor camino para seguir avanzando (incluso aunque sea cuesta arriba y lleno de baches y de estrecheces, que esas mismas personas encuentran o que incluso otras personas pueden poner). Y al igual que las caídas nos afectan, el dolor ajeno no nos puede resultar extraño o incluso mantenernos impasibles ante ello (no somos máquinas). Cuando se consiguen éxitos también deben afectarnos y como tales celebrarlos.

Las caídas, y retrocesos, y los éxitos son parte del proceso que hacemos con las personas y que hacemos las personas. Y al igual que cuando uno mismo consigue un éxito y lo celebra también tenemos que hacerlo con las personas que acompañamos, porque en muchas ocasiones no son conscientes de los éxitos y no han celebrado tanto la vida como podemos hacerlo en ocasiones.

La vida nos afecta, nuestra vida nos afecta y la vida de otras personas nos debe afectar. Y eso es bueno y normal; pero lo que ya no es normal y bueno es la obsesión por el dolor y por el fracaso. Es cierto que el fracaso y el dolor nos afecta más que las alegrías, y tenemos que hacer un esfuerzo para que sea al revés, sobre todo porque es una minoría de ocasiones que viviremos el éxito.

Para ello creo que debemos marcarnos objetivos sencillos, a corto plazo y que estos nos lleven al gran objetivo a largo plazo. El camino está lleno de metas volantes, no existe una “meta final” (bueno, si la muerte). Los continuos retos personales nos hacen caminar, darnos cuenta de que siempre tenemos algo que mejorar y hacerlo ver al resto de las personas que acompañamos y con las que trabajamos (cada uno sabrá donde está el objetivo).

Pues, así es amigos y amigas. Los que trabajamos con personas somos personas afectivas, personas que ponen su corazón y cabeza en su trabajo. Pero cuidado con que eso nos afecte, que ya hablé de “llevarnos el trabajo a casa” y encontrar la manera que eso que nos afecte quede en el ámbito laboral y no en el vital porque eso nos puede “matar”.

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No estaba muerto… estaba de sequía

•mayo 19, 2018 • 1 comentario

Así es amigos y amigas, no hemos desaparecido, no hemos emigrado o dejado la educación social. He tomado un paréntesis de un año y medio sin saber que decir o que expresar; pero en las últimas semanas mi cabeza y corazón están revueltos. Revueltos por algunos acontecimientos que quizás hagan daño a un colectivo, pero no a una profesión que amamos y que queremos luchar por su dignificación y que sea más tenida en cuenta por la sociedad, porque es necesaria.

Preocupado por las personas que creo que no lo están pasando bien y en sus corazones y cabeza también una revoltura grande. Una máxima que intento llevar a mi vida es “primero la persona”, la institución, el colectivo es importante; pero si las personas en su individualidad no están bien el colectivo se resiente y no camina.

 

Amigos y amigas que como yo amamos esta profesión, no desfallezcáis, no estáis solos y solas. Son muchas las personas que nos esperan al borde del camino, que nos esperan en la frontera. Que nos necesitan, nos necesitan enteros, nos necesitan sanos, nos necesitan luchadores. La educación social es imprescindible, los que luchan todos los días son imprescindibles.

 

Necesitamos la voz de todos y todas, vuestra apuesta por la profesión no se quede en un like en las redes sociales, ha de ser participativa y de compromiso real. Ánimo, valor y a la calle.

 

P.D.: Gracias Bibi, por animarme a volver a escribir.

Pequeños experimentos

•diciembre 13, 2016 • 2 comentarios

El otro día con los niños y niñas del apoyo escolar me dio por hacer un pequeño experimento con ellos y ellas. Normalmente me piden siempre permiso para ir al baño, y mi respuesta suele ser afirmativa y me daba cuenta que en muchas ocasiones decía “si hombre, si”, sea del sexo que sea quien me lo pide. Es una frase “hecha”, una respuesta automática que decimos muchas veces sin darnos cuenta; y se me ocurrió que cuando viniese una chica seguiría diciendo esa frase y si venía un chico diría “si, mujer, si”.20160308_171223

La primera persona que vino a pedir permiso fue una chica y mi respuesta de siempre no resulto llamativa, luego otra chica más y pensé vaya ahora ningún chico quiere ir al baño y por fin vino un chico y le dije la respuesta pensada… se me quedó mirando y enfadado me dijo “¡soy chico!” y le respondí que ya lo sabía y cuando les decía a las chicas “si, hombre si” porque nadie se enfadaba y porque se reían las chicas al decirle eso a los chicos y nadie decía nada al contrario. Les quise transmitir que muchas veces no pensamos lo que decimos y como usamos “genéricos” masculinos para todas las personas sin darnos cuenta.

Estamos demasiado habituados a ese tipo de lenguaje y no nos damos cuenta. Con esto he querido hacernos (yo me incluyo) conscientes de ello y de intentar cuidar nuestro lenguaje y trabajar por un lenguaje más genérico y donde todos y todas quepamos y nadie quede fuera.

Sueños que se cumplen

•diciembre 7, 2016 • 1 comentario

Estos últimos días estoy viviendo un momento muy bonito en mi sencillo trabajo de responsable de un programa de apoyo escolar con niños y niñas de un colegio. Llevo ya más de 10 años estando dos tardes a la semana acompañando, escuchando, riendo, enfandándome, divirtiéndome, y sobre todo aprendiendo tanto de los niños y niñas como de los voluntarios/as que ayudan a cada guaje a sacar adelante sus deberes y necesidades educativas.
Siempre sueñas con que alguno de ellos, hoy niños/as, con el paso del tiempo vuelvan pero como voluntarios/as y ayuden a los que en ese momento estén.

Y ese momento ha llegado, y eso me hace feliz ya que veo como han crecido y quieren devolver a otros lo que ellos mismos recibieron. Lo voy a contar como un cuento y así que paso a relatarlo.

Un sábado de esos en los que proponemos a cientos de jóvenes de Gijón que puedan tener una pequeña experiencia solidaria, en los que enviamos mensajes a muchos móviles y no sabemos que respuesta tendremos; y que la persona que lo hace no conoce ni el pasado ni el presente de cada joven. Allí aparecieron ellos, ella y él. Dos jóvenes que hacía unos cuatro años que no veíamos, que no sabíamos mucho de ellos; (vamos a escribir dos nombres ficticios) Pelayo y Cova aparecieron y mi corazón se puso a latir con mayor fuerza, esos dos, ahora adolescentes de 16 años y que había conocido desde los 8 hasta los 12 años aparecían por la puerta de la sede de la Fundación con ganas de participar en una nueva actividad, ir a pasar el día en una residencia de ancianos. Yo estaba especialmente contento, sobre todo por lo que me dijeron los responsables que ese día participaron y así me lo explicaban.

20160322_165657.jpgPero no quedo todo en ese sábado, ya que uno de esos días de voluntariado en el que llevábamos casi un mes con 30 niños y niñas y escasas personas que pudiésemos ayudar, aparecieron 8 nuevos voluntarios/as y dos de ellos eran Pelayo y Cova. Según les vi, me levante de la silla donde estaba con 3 de los niños ayudando con sus deberes y les acogí lo mejor que pude, en ese momento suelo explicar a los que vienen nuevos que hacer y como; pero sobre todo decirles con quién. A estos no tuve que explicarles nada, me miraban sabiendo más o menos que tenían que hacer, pero con los nervios de aquellos que aparecen por primera vez con las ganas de aquellas personas que saben lo que quieren y están sobre todo contentos de poder hacerlo. Les puse con un unos pocos niños a cada uno, era gracioso ver ahora ayudar a los que fueron acompañados, verlos “en el otro lado”.

Cuando terminamos la actividad, nos despedimos hasta el siguiente día; yo les miré y les dije, después de unos cuantos días “os preguntaré que se siente al estar en el otro lado”, me miraban sonrientes y contentos de la tarde, de haber podido hacer algo diferente con su tiempo. Les pregunté que tal les iba en el Instituto, y bueno no es que tuviera la respuesta de alguno de ellos más satisfactoria, pero bueno tampoco les va tan mal.

Que decir con todo esto, recuerdo la versión de Andrés Calamaro cuando decía en una canción “El tiempo pasa, nos vamos volviendo technos”; y eso pasa, sobre todo cuando son otros los que nos lo recuerdan, pero bendito paso del tiempo que hace que otros puedan recoger el testigo… y quien sabe si dentro de dos años estos mismos me dicen “Alberto, me gustaría estudiar Educación Social”… pero eso es otra historia.

Un concierto de Kraftwerk y la Educación Social

•octubre 10, 2016 • Dejar un comentario

No hace tiempo, más concreto en el último Congreso de Educación Social de Sevilla, hablábamos de que somos educadores sociales las 24 horas; y yo decía que nuestra mirada es social y no es que estemos “trabajando” las 24 horas.

El otro día pude disfrutar de un increíble concierto de Kraftwerk en el Guggenheim, parte de una serie de concierto que darán durante 8 días. Muchos os preguntaréis que tiene que ver un concierto de música electrónica con la Educación Social, pues realmente nada. Pero como he escrito al principio de este post mi mirada es social y lamentablemente o afortunadamente (según se mire) yo la tengo y la intento cultivar.

Pude disfrutar el concierto con mi hermano, y si alguien nos conoce (un poquito) sabrá que Kraftwerk es el grupo que escuchábamos en los largos viajes a Fuengirola y/o Benalmádena en el coche junto con mi padre y madre (también escuchábamos a Víctor Manuel y a Los Pitufos; no los maquineros que ya tengo más de 40 años). Era el concierto que podríamos soñar siempre, verlos en directo ha sido como cumplirse un sueño (mi hermano va a poder verlos dos veces, él tiene más dinero).

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Foto del concierto al que pude asistir el Sábado 8 de Octubre de 2016.

Ahora es cuando viene mi mirada social, pensaba al salir del concierto que nosotros hemos sido “consumidores” de discos completos, de música a tope en el coche con la familia. Hemos pasada a una sociedad de consumo rápido, de consumo de píldoras. Los y las adolescentes y los y las niñas de hoy son más de escuchar una o dos canciones de tal o cual grupo. Consumo rápido y justo… ¿dentro de 30 años tendrán la ilusión de ir al concierto de uno de esos grupos que hoy escuchan? ¿dentro de 30 años tendrás la ilusión de celebrar dicho “reencuentro” con su familia? ¿Cómo podemos intervenir los y las edusos que trabajan con menores para poder disfrutar de las cosas con mayor pasión que queden en la retina de las personas?

La verdad es que tenemos un trabajo difícil para que los y las menores de hoy puedan tener experiencias intensas que les marquen, que hagan que eso quieran revivirlo tiempo después.Música que escuchamos una y otra vez, películas que vemos una o dos veces al año y que incluso conocemos los diálogos, libros que deboramos una y otra vez y así podríamos seguir con más ejemplos.

Ante una sociedad de consumo inmediato, de consumo de píldoras, de disfrute en el momento sin que eso quede marcado, ¿cómo intervenir para que las cosas sean más intensas y puedan quedar en la retina?

Creo que la respuesta está en como de intenso es nuestro trabajo, como de  implicación tenemos para llegar a cada menor con el que trabajamos, con la persona que trabajamos. Y las experiencias, lo que viven, escuchan, miran o disfrutan será recordado.

Y creo que todos y todas somos grandes profesionales, somos capaces de hacer nuestro trabajo con pasión y dedicación tan intensa que las personas que tenemos a nuestro cargo puedan vivir esas experiencias, pero es un reto a no olvidar y a cuidar cada día. Que con el futuro las personas con las que trabajamos tengan recuerdos intensos y que puedan disfrutar como yo he podido vivir el concierto de Kraftwerk con mi hermano.

La Educación Social, una profesión de continua denuncia

•octubre 4, 2016 • Dejar un comentario

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Se me ocurría titular este post así, después del intenso día que celebramos por las redes sociales y con multitud de actividades que los Colegios Profesionales están programando a lo largo de este mes.

Si algo caracteriza nuestra profesión es la denuncia; pero últimamente nos hemos centrado en la denuncia de nuestras condiciones de trabajo (muy, demasiado precarias), del continuo intrusismo al que nos vemos obligados a “disfrutar”, a la invisibilidad que las instituciones políticas y públicas nos tienen y así podría seguir escribiendo y que todo/as conocéis.

Pero también vivimos en una sociedad en la que nuestra participación como educadores/as sociales ha de ser visible. Es verdad que hacemos muchos acompañamientos, tanto a adolescentes, como niños/as, jóvenes, adultos, ancianos/as; hacemos mediación, trabajamos en la educación no formal e informal; estamos en bastantes más lugares de los que muchos/as creen que estamos. Nuestra presencia es “invisible”, trabajamos con y por las personas… pero ¿dónde queda la denuncia explícita? ¿dónde está nuestra presencia entre las instituciones en las que trabajamos, tanto públicas como privadas?

En esto quiero incidir con nuestro trabajo. Vemos cada día un montón de situaciones de injusticia, en las que las personas a las que servimos sufren. Y esa empatía que nos caracteriza (o por lo menos debería ser así) debiera hacernos ponernos tanto tristes como de mala leche. Pero luego aparece “pepito grillo” y nos dice al oído que tengamos cuidado con lo que hacemos y decimos que nuestra entidad puede peligrar tal o cual subvención o ayuda (tanto pública como privada) o si estamos como funcionarios pueden llamarnos la atención (en este caso, que desconozco bastante, creo que se puede ser más libre para denunciar y decir lo que está mal).
Lamentablemente no tengo una barita mágica para decir como ser más libre y poder denunciar sin costes lo que pasa.
He sufrido de cerca las consecuencias de posicionarse ante una situación de injusticia en la que muchas personas sufren cada día; y la verdad es que por un lado estás contento de poder haberlo hecho, pero por otro lado triste por las consecuencias tanto para las personas a las que servimos como a los/as trabajadores/as de la entidad. Pero en la base están las personas, y sin institución esas personas pueden quedar desprotegidas; es la “pescadilla que se muerde la cola”.

Los derechos de la ciudadanía están en manos de unos pocos, ya que hacen con ellos lo que quieren; nosotros debemos ser los “pepitos grillos” de esos que hacen lo que quieren con los derechos de todos/as. Tenemos que saber y aprender a trabajar por ello; y eso es un continuo aprendizaje ya que los métodos de ayer seguramente hoy no sirvan, me refiero a la denuncia de las injusticias.
La denuncia ha de ser parte de nuestro “adn”, no solo la denuncia de nuestras propias condiciones laborales y demás; la denuncia de las situaciones de injusticia que viven tantos hombres y mujeres; aunque eso supongan consecuencias… quizás si diésemos a conocer más las consecuencias de las denuncias movilizaría más a la sociedad y nos apoyase en nuestro trabajo tanto en las entidades privadas como públicas.

Seguramente no estés nada de acuerdo conmigo o muy de acuerdo, espero tu comentario.

Y para ilustrar el post se me ocurría un nuevo meme, con algo de mala leche y sarcasmo, pero espero que se entienda.

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PARALISIS CEREBRAL (NIÑOS) – PAJARINOS

•septiembre 30, 2016 • 2 comentarios

Sus pequeños cuerpecitos yacen postrados en la cama, como bolitas de carne manejables al antojo del que tenga la mitad de fuerza de la que ellos poseen. No hay resistencia. Pero tampoco la hay a volar.
Les silbo y les canto, pues es su sordo idioma al que responden con una ligera sonrisa aparente, siendo por dentro tan grande. Pero tampoco pueden reír más de la cuenta, eso también les esta prohíbo, a toda la felicidad que puedan tener se les ha puesto limites, las crisis merodean. Todo tiene que ser moderado para vuestra especie.
El brillo en sus ojos perdidos entre nubes es el que lo dice todo. Te cuentan si atraviesan la tormenta o los vientos soplan cálidos y favorables al vuelo.
La vida no ha sido justa con estos polluelos, tengo que decirlo, pero son luchadores y sus plumas que han ido creciendo les protegen. La tolerancia a situaciones extremas ha ido en aumento.
Por el contrario sus piernas se han ido atrofiando, llevan demasiado tiempo sin tocar el suelo, pero sus alas se formaron largas y densas.
Aprovechan lo bueno de lo poco que les pueda brindar este huracán, su dirección es al nido sin cuerpo en el que no exista el dolor.
Por eso espero, ser el árbol para posaros en vuestra migración hacia la nada, tender una rama rígida que os dé el descanso que necesitáis para continuar el vuelo. Ser ese aliento que os impulse en la dirección con rumbo de vuestra quietud.
A los pajarinos que se van posando… Y y A.