Educación Social, una profesión de mierda… Volumen 2

•octubre 11, 2019 • Dejar un comentario

La semana pasada escribía un post sobre cuidarnos y como nos afecta al trabajo estar hechas una mierda, vivir como una mierda, y pasar los días hechas una piltrafa… y con el tiempo podemos terminar mal.

Pero una de las grandes causas de que podamos estar hechas una mierda, unas piltrafas no es solo que nos podamos llevar el trabajo a casa y no sepamos descansar, diferenciar el trabajo de la vida diaria. Una de las causas de que podamos vivir de mierda son unos trabajos mal pagados, con horarios abusivos y con momentos en los que podemos quedar solas con un grupo de personas que supera nuestras posibilidades de hacer medianamente bien nuestro trabajo.

La disculpa de que nuestro trabajo es vocacional, que nos gusta, que incluso en ocasiones podemos estar haciendo un acompañamiento pasando algo de nuestro horario, no quiere decir que podamos vivir explotadas y en situaciones que podrían llegar al abuso.

Tengo que reconocer que no es el caso de muchas, pero si ya un porcentaje existe eso es denunciable. Pero los sindicatos callan, los colegios profesionales denuncian pero no son oídos ni tenidos en cuenta (sobre todo porque ni unos ni otros tienen suficiente apoyo por afiliados/colegiados; por lo cual es difícil tener capacidad de lucha)

Pero, es denigrante que nos tengan con unos sueldos no acordes con el trabajo que desarrollamos (salvo que trabajes para la administración y ya si eres realmente educador/a social me quito el sombrero). Las administraciones públicas se lavan las manos subcontratando servicios a entidades sociales o (pero todavía) a empresas. O entidades sociales que hacen trabajos que ni siquiera la administración pública ha pensado en hacer, les sale más barato contratara a otros para hacer “el trabajo sucio” y si la cosa sale mal la culpa siempre será de la entidad y no de la administración pública.

Así es compañeras y compañeros, tenemos un trabajo de mierda, insistimos en cuidarnos y saber desconectar… pero en demasiadas ocasiones son terceros los que hacen que la Educación Social sea una profesión de mierda.

Aún con todo…

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Educación Social, una profesión de mierda…

•octubre 2, 2019 • 1 comentario

La verdad es que la participación este año en el “Carnaval de Blogs” que nos propone el Col·legi d’Educadores i Educadors Socials de Catalunya es un tema farragoso. Siempre nos dedicamos a decir que nuestro trabajo es precioso, vocacional, pero todas sabemos que después de una jornada laboral (en ocasiones de más horas de las que debieran ser) llegamos a casa hechas una mierda, cansadas, tristes, agobiadas, sin poder descansar, dormir y dándole vueltas a lo sucedido durante la jornada.

Es una mierda, una verdadera mierda. Y en demasiadas ocasiones no somos capaces de recuperarnos para al día siguiente volver al trabajo con alegría, ganas y buen humor… y esto se va acumulando. Además de tener unos horarios de mierda, un sueldo de mierda y con personas que en ocasiones no nos tratan bien o con cariño; aunque nosotras les devolvamos integridad, escucha, buen humor, cariño y preocupación.

De esto ya escribí anteriormente , pero seguimos igual. Seguimos teniendo un trabajo de mierda y una vida de mierda. ¿Porqué? Pues, porque no sabemos cuidarnos. Creemos que sabemos, pero no damos con la clave para hacerlo.

Cada persona es un mundo, y de eso creo que sabemos algo, y nosotras somos personas. Cada una tiene que dar con la clave para descansar, para poder ser persona cada vez que sale de trabajar (durante el trabajo lo somos, obviamente), pero recuperarnos y recuperar la batería. Creemos que la batería se carga sola, pero no tenemos carga solar, ni eólica (por ser cargas ecológicas). Dar con la clave es muy importante. Y lo siento, pero no voy a daros la solución, porque tampoco la tengo. Yo utilizo mis propias herramientas que se que a mi me sirven, pero no tienen porqué servir a otras personas.

Nuestra energía es nuestra fuerza. Debemos cargarnos de energía, para poder ser fuertes cada día en el trabajo con personas, que nos afecte lo mínimo posible esos horarios, esos sueldos, esos ratios, sobrecargas y otros aspectos que pueden desgastar y hundir.

Amigas y amigos, compañeras y compañeros. Puede servir hablarlo, compartirlo, escribirlo, sacarlo fuera de nosotras. No quedarse ya que eso es lo que desgasta nuestra energía.

Debemos ser fuertes para acoger las vidas de las personas con las que trabajamos, que ya tienen vidas duras, desgarradas, y complicadas para que las nuestras sean similares. Aprendamos a recargar, a vivir, y no a sobrevivir. Porque otras personas nos necesitan.

 

Días fructíferos

•febrero 20, 2019 • 1 comentario

Hoy ha sido uno de esos días en los que puedo dormir tranquilo, las cosas ruedan o quizás la frase que mejor refleja el día es “me encanta que los planes salgan bien”.

Y no es que los planes del día hayan salido bien, sino que las cosas que han pasado a mi alrededor han sido buenas. Llevo muchos años con un proyecto de voluntariado de apoyo escolar con niños y niñas de primaria (de 4º a 6º) y es he de reconocer que es un lujo poder contar con chicos y chicas de bachiller y de universidad quieran dedicar un par de horas de su tiempo libre para ayudar a estos niños y niñas a realizar sus deberes, a responder dudas, e incluso a ver más allá. Y es aquí donde tengo que alegrarme del lujo de la cercanía, un voluntario/a con 2 o 3 niños/as puede darse cuenta de muchas cosas y hoy la voluntaria ha podido ver alguna dificultad en uno/a de los niños/as. Se lo trasladaremos a las personas responsables del centro y veremos como evoluciona; pero sobre todo lo que me alegro es que los voluntarios/as puedan ver más allá y no sean meros activos que solo hacen el apoyo escolar y nada más. Ojalá esto sirva para algo y el niño/a pueda resolver sus problemas escolares gracias a que alguien se fijó algo más de solo hacer los deberes.

Cuando volvía para casa, ensimismado en mis pensamientos y alegre por lo sucedido. Me fijé en un hombre que estaba sentado en el suelo con un tetrabrick de vino, pero en este caso no era un “hombre más”, era una persona que hasta hace dos días estaba en el lugar donde trabajo y cuando salí el lunes por la mañana de trabajar no sabíamos nada de él. No me acerqué a él ya que no le vi en condiciones de poder hablar, llamé a mis compañeros de trabajo y les informé donde estaba y en que condiciones. Espero que sabiendo la situación podamos resolver las cosas lo mejor posible y con la prontitud necesaria. Esto es algo que suelo pensar mucho, ¿si me encuentro con alguna persona que pasó por mi centro de trabajo me acercaré a preguntar que tal está? ¿pasaré de largo? Yo creo que deben de darse las circunstancias más adecuadas para acercarme y una de ellas es que la persona esté en condiciones de responder e incluso de poder entablar una conversación, hoy no era ese momento pero creo que actué en consecuencia. ¿Vosotros/as que hacéis cuando os pasa algo parecido? Sobre todo con personas drogodependientes, transeúntes, o similares.

Debemos cuidarnos

•diciembre 13, 2018 • 1 comentario

Leo hoy con cierta tristeza un post de mi buen amigo y compañero Asier en su blog  y cuenta como llega la necesidad de parar, descansar, de estar mal.

Habla de olvidar nuestra propia salud, ya que debemos cuidar de otras personas. Es cierto que nos cuesta pedir una baja (yo reconozco que he llegado a ir a trabajar con algo de fiebre), que ponemos por delante la vida de otras personas a la propia. Y recordaba un post de hace un par de años que hablaba de lo vocacional y la necesidad de cuidarnos y de que nos cuiden.

Asier me da una nueva idea. Y es que en más ocasiones de las que nos gustaría no somos conscientes de que no estamos bien, de que no nos cuidamos. Ahí debieran entrar nuestros compañeros y compañeras, nuestras familias y que nos diesen esa palabra de aviso. No se como se funciona en el lo público, pero en el mundo de las entidades sociales deja mucho que desear el cuidado de los y las trabajadoras de lo social (y aquí quiero y debo incluir a todos los profesionales). La dificultad para sustituir a las personas que necesitan un descanso; incluso el poder disfrutar de descansos reparadores. Ahí debieran entrar los sindicatos para poder desarrollar un convenio que posibilite ese descanso, unos horarios dignos.

En el día a día dejamos pasar oportunidades de cambio mental, porque de lo que hablamos es de una “enfermedad” mental (entiéndase que lo pongo entre comillas).

También se me ocurría que al igual que en las huelgas existen una “caja de resistencia”, quizás los colegios profesionales podrían posibilitar algo similar para sus colegiados/as (lo siento pero lo pienso solo para los colegiados/as y no para el resto, de algo bueno debiera servir colegiarse). Mirar por cada profesional, cuidar la salud mental y física de los y las profesiontireddude1ales. ¿Retiros o encuentro reparadores organizados por los Colegios profesionales?

Hemos de reinventarnos, cuidarnos y si no somos capaces de hacerlo nosotras mismas, que alguien nos pueda ayudar. El cansancio profesional es algo que se debiera tener en cuenta en las entidades, empresas de lo social. Y sobre todo a quienes dan el dinero para su funcionamiento, no solo se ha de pensar en las personas que se atienden, las personas que atienden deben estar bien para poder desarrollar un servicio eficaz y humano.

En fin, querido Asier y todas aquellas personas que hoy estáis en un mal momento vital. Tenéis todo mi apoyo. No sabría que deciros a cada persona, ya que cada una necesita algo diferente para curarse y cuidarse. Pero en ocasiones una buena cerveza o un café reconforta. Mucho ánimo, salud y educación social.

Cuando solo vale la pela

•noviembre 6, 2018 • Dejar un comentario

Últimamente estamos descubriendo y nos alarmamos, cuando vemos la comida que se dan en algunos Hospitales o Residencias de Ancianos y podríamos seguir viendo en comedores escolares y/o centro de protección. Tanto públicos como privados y/o concertados.
Le echamos la culpa a la crisis, a la falta de dinero; pero lo siento no es esa la culpa, o por lo menos no la tiene por parte. Ya que no es solo en esos casos donde descubrimos el fracaso del sistema capitalista y económico por el que nos regimos en nuestra sociedad tan adelantada y conocedora de la realidad en la que vive.

En el día a día las familias nos solemos regir por el criterio económico, pero no siempre. No siempre elegimos lo más barato, fundamentalmente porque sabemos que eso al final sale más caro. Nos regimos por otros criterios, la marca, el lugar donde compramos, la confianza en el producto o en el lugar donde lo compramos; si es ecológico, si consume menos energía, si es más saludable. Solo en familias donde tienen que mirar más el dinero (que son muchas) se mira más la parte económica a la hora de hacer las compras y seguramente no en todo ya que priorizamos donde gastar algo más y donde mirar el precio.

Y, ¿porque no pasa lo mismo en las administraciones? Siempre que sale a concurso cualquier proyecto o cualquier gestión pública lo primero que se mira es el coste económico y el resto de la propuesta de quien vaya a concursar pasa desapercibida o se relega a un segundo o tercer plano (cuando solo se tiene en cuenta la “marca” y no lo económico también podemos tener un problema de prevaricación).

En lo que a nosotros nos toca creo que uno de los grandes problemas cuando optamos a una licitación o concurso público para llevar tal o cual recurso social ante empresas donde lo que prima es el beneficio siempre tendremos la peor parte. Las entidades sociales tiene que dar un producto digno, un servicio que ponga primero a la persona y que el o la profesional tenga un trato digno, unas condiciones laborales dignas y un sueldo acorde con ello. Pero eso las Instituciones Públicas no suelen tenerlo en cuenta y por un lado te quitan subvenciones o directamente en el concurso público la licitación de tal o cual recurso se lo lleva quien dice que lo hace más barato, en detrimento de las condiciones laborales, y de un sueldo digno.

Si tuviéramos un convenio digno, unos parámetros laborales marcados y donde no se puede bajar ni económicamente ni en condiciones laborales, todo el mundo saldría ganando. Las instituciones públicas, las entidades sociales licitadoras y sobre todo la persona a la que se le va a dar el servicio. Y aquí juegan un papel importante los sindicatos y los colegios profesionales que puedan regular nuestra labora profesional y a la vez que tengamos un convenio digno para que las instituciones públicas sepan a que atenerse a la hora de preparar un concurso público y las entidades sociales tener al personal con dignidad (que no todas lo tienen, aunque si una buena mayoría; pero muchas y conocidas tienen al personal en condiciones deplorables ya que no hay un convenio y en ocasiones ni siquiera el estatuto de los trabajadores está en la base del contrato).

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Soy educador y me muero en cada intento

•octubre 4, 2018 • Dejar un comentario

La verdad es que este post debiera haberlo escrito el día 2, o por lo menos tenerlo preparado para entonces, pero es que yo siempre voy fuera de plazo. Mi vida laboral o de servicio a las personas a las que dedico mi vocación profesional siempre va un paso detrás de ellas.

Que quiero decir con ello. Es sencillo, las mejores ideas y la mejor intervención casi siempre se me ocurre después de las situaciones que tengo. La mejor aportación, la mejor palabra, el mejor abrazo o incluso el mejor silencio se me ocurren horas después de cuando tendría que haberlo hecho. Eso es el aprendizaje diario con el que tengo que lidiar. Claro está de errar es de humanos, y creo que soy un humano excepcional (porque mi error es casi continuo). Pero gracias a Dios, o mejor dicho, gracias al trabajo en equipo las cosas que no dijimos, no hicimos o que hicimos de más las ponemos en común y aprendemos de ellas.

He sido “seco” con algunas personas, o demasiado severo con otras; incluso con otras he sido más permisivo. Saber que hacer o que decir sale de la experiencia, de caer y de volver a levantarse. Trabajamos con personas y con ello debemos de tener un cuidado excepcional. No les curamos, no soy médico… pero cuando no se les puede curar (porque no se da con la mejor terapia, con la terapia adecuada, o ya la medicina no puede hacer nada) se les puede cuidar, estar, escuchar, abrazar, reír y llorar.

Siempre digo y diré lo importante que es o solo reflexionar sobre lo que hacemos y como lo hacemos, y no uno solo sobre todo con otras personas para ver lo que uno no es capaz de ver y para hacer ver lo que otros no son capaces de ver.

Y otra de las cosas importantes es saber “desconectar”, limpiar nuestra mente y nuestro corazón, para cuidarnos a nosotros mismos. Cuidar la mirada social con la que vivimos cada día, para cuidar la vida. Cuidar la vida con música, cine, deporte, descanso, playa, monte, amigos/as, café, cerveza, vino… si eso lo tenemos dentro de nuestra vida, nuestro trabajo irá mejor. Yo con el tiempo he aprendido a desconectarme del trabajo, no olvidar pero si dejar en un compartimento en el cerebro (como hace Sherlock en lo que se llama “Teoría del desván” donde almacena la información en su cerebro), e intentar recuperar lo que me sirve para mi trabajo y para mi vida diaria.

Así es que digo muero en cada intento, y eso me ayuda a que en los siguientes intentos muera menos. Vamos que la propuesta del carnaval de blogs de “¿Cómo ser educador social y no morir en el intento?” lo entiendo en que hemos de morir para resurgir para seguir dando lo mejor de cada uno y cada una, y eso siempre nos hará mejores personas y mejores profesionales.

CarnavalBlogs_cast

Me da pena

•septiembre 29, 2018 • Dejar un comentario

El anterior post en el que ponía que nuestro trabajo nos afecta, voy a redundar en el tema.

Hoy entraba a trabajar y una compañera me decía que la situación de una de las personas a las que atendemos y que en próximas fechas debe abandonar el recurso ya que ha tenido un consumo (no es puntual, ya que ya los tuvo no hacía mucho y estuvo en la calle por un tiempo en el que siguió consumiendo y volvió al recurso) en el que ha peligrado, otra vez su vida. Esta compañera decía que no hemos hecho nada en los últimos meses que ha estado en el recurso, yo le he dicho que este no es un recurso educativo y si es un recurso sanitario, las personas vienen a recuperarse físicamente y volver a  la calle (sus casas, habitaciones, albergues, pensiones…) y en algunos casos comenzar procesos de reinserción y en muchos de ellos vueltaal consumo y a seguir en la rueda de consumos y pasos por el recurso a no ser que me quede en el camino.

Me da pena la vida de las personas que no aprovechan las oportunidades que se les ofrecen. Pero cuando alguien no quiere cambiar, no quiere mejorar, no quiere vivir; no podemos insistir, no podemos hacer mucho o nada; y solo queda el asistencialismo. Y esto es un de los pecados más grandes de nuestro trabajo, asistencialismo y que la parte educativa desaparezca.

Me da pena que nos de pena la vida de esas personas. No soy una persona fría, no me considero así. Pero con el tiempo he creado un muro, una mirada fría y distante ante las situaciones vitales de muchas de las personas con las que trabajo y no “darme pena”. Si me afecta, pero no quiero y no deseo que me “de pena”.

Y la pregunta que yo me hago es ¿que he hecho yo para mejorar la vida de esta persona? No hago la pregunta del equipo educativo, primero he de hacerme la pregunta a mi mismo y ver la mejor respuesta. Sobre todo para mejorar mi intervención con futuras personas y que mi intervención pueda mejorar el trabajo en equipo.

Trabajamos con y para las personas. Nos afectan sus vidas, unas vidas que gritan por su liberación, por su mejora vital y un cambio radical en la sociedad que las acoja y en las que puedan caminar y vivir en libertad y lejos de las ataduras de la droga y de una vida en exclusión o en riesgo.

En fin, hemos de trabajar con el riesgo de que las cosas nos afecten, pero sobre todo ser lo más cercanos posible pero que esto no haga de nosotros robots sin sentimientos y sin afectos.

Una asignatura olvidada en las facultades de Educación Social y que habría que fomentarla de alguna manera en los Colegios Profesionales, para hacer las mejores profesionales posibles y mejorar nuestro trabajo diario con las personas y colectivos en exclusión y en riesgo de exclusión.